La última página del cuento estaba escrita con tinta vencida, el final no era para nada feliz y después de todo, pienso hoy, los finales no siempre deben ser felices sino precisos. Como este, en donde volví a comprobar que los príncipes no existen, tan solo son hombres pintados con temperas que se lavan con agua. Y a mi de princesa ya me queda poco. Decidí no soñar mas con estas cosas que duran poco flotando sobre la realidad. Voy a posar mis pies sobre lo real, y ahí ya no queda nada de fantasía, un soplo de sinceridad que tuve que develar sin tu ayuda porque jamas me regalaste un poco. Para remarcar tantas diferencias abismales, yo te regalo los valores absolutos de todos mis sentimientos, los que nacen desde las entrañas, los que intoxican la sangre, los que emborrachan los sentidos. Porque en mi pecho ya no caben, ni tus canciones, ni el amor que decías tenerme, ya no hay lugar para nada que te nombre. Colorín, colorado este (tu) cuento se ha terminado...
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