Soy el agua de la lluvia, caigo sobre los sembrados. Las plantas, a las que calmo la sed, me aman. Me ama la tierra a la cual mantengo viva y fèrtil. Me aman los hombres que viven en esa tierra y de esa tierra. Me odian los veraneantes de la playa, me odian los animales desamparados que vagan por las calles...
Soy el agua de un estanque. Aqui estoy, esperando ser utilizada. Sirvo para refrescar a los campesinos y para bañar a los animales. No soy apta para ser bebida porque estoy sucia y contaminada. Demasiado tiempo quieta. Soy el agua de las làgrimas de un niño. Soy la expresiòn màs autentica de la emociòn, soy el reclamo de los ùnicos afectos incondicionales. Soy el sìmbolo de la alegrìa y de la pena. Soy el agua de un rìo caudaloso. Soy el hogar de miles de peces, soy el movimiento de la naturaleza, soy el ruido del bosque y la pradera. Soy el dulce que serà sal mañana, cuando llegue al mar. Soy el agua de una fuente cristalina, soy la bañera de un montòn de pajaritos, soy el trago que calma la sed del caminante, soy la transparencia de la claridad del dìa. Soy el sìmbolo màs claro del fluir y de la vida. A veces soy vapor y a veces hielo.
Y, en todas estas formas de ser, soy ùtil, soy inùtil y hasta a veces soy dañina. Porque nunca trato de ser lo que no soy. Porque admito ser la parte y no el todo. Porque soy muchas cosas y una sola. Porque no soy màs de lo que soy. Pero tampoco MENOS.(Carta nùmero 55 del libro "cartas para Claudia" de Jorge Bucay)


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