Las tardes de domingo esperaré tu llamada. Maldeciré a las parejas que, abrazadas, sueñan con habitaciones de hotel desocupadas. Y odiaré con calma tu risa, todas mis palabras, nuestra despedida.
Qué va a ser de mí, emprenderé un largo viaje para que el eco de tus noches nunca me alcance.
Qué va a ser de mí, dudo que en ningún bar me puedan servir todo el alcohol que necesito para olvidar.
Qué va a ser de mí, dudo que en ningún bar me puedan servir todo el alcohol que necesito para olvidar.


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