Sucede que a veces la vida mata y te encuentras sola y en este corazón no reciclable se hunden petroleros desahuciados y sospechas que provocan miopía en lanzadores de puñales. Sucede que a veces la vida mata y el invierno saca su revolver, te encañona en las costillas. Pero sucede también que, sin saber como ni cuando, algo te eriza la piel y te rescata del naufragio.
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