jueves, 9 de agosto de 2012
Un lugar, siempre existe un lugar en donde estoy contemplándote, mirándote, escuchándote, sintiéndote, padeciendote. Algunas veces rebalsa de aire puro, otras de continuación. Pero siempre estoy situada en ese lugar, porque aun no logro juntar tanto coraje como para darte, darme, darnos el golpe mortal, ese punto final, singular, ese que no se acompaña por dos puntos más. En este lugar suenan canciones que nos acercan, y otras que no. Te miro con ternura como intentando comprender tantos errores en cadena. Y me consuelo queriendo creer que si supieses el dolor que me causas, desistirías de tantas aventuras chatas, carentes de sentido, que no te llevan a ningún sitio, que solo te revuelcan entre miserias nauseabundas. Veo como se te empieza a caer el pelo, por desperdiciar tiempos de ser sincero, que eso que creías como correspondiente y va concluyendo como era de esperarse, dejandote sin techo y sin risas. Pero a pesar de todo, yo vuelvo a menudo a este lugar. Confieso que La primera vez que vine era un desierto, frío y estéril, cruel, como estar arrojando una flor antes que comiencen a tirar la tierra sobre alguien que amas. Sentí terror, llore y grite a causa del dolor. Busque, rogué, pegue, clave, lastime. Hasta que me di cuenta que estaba ahí y no podía salir. Porque vos me habías empujado, no era para mi concebible comprender y aceptar que siempre habíamos vivido bajo las reglas de la lealtad, porque siempre fui capaz de entender cada palabra, cada situación, porque no había un contrato firmado, solo había amor por ende yo creía que no había chance como para que no pudieses decirme o contarme abiertamente que era lo que pasaba. Dicen que todo se sabe, pero yo no hubiese querido saber nunca que vos eras desleal. Me subestimaste demasiado. Me sorprende mi capacidad soportar, aunque se que es un recurso no renovable. Porque desde este lugar en este instante te estoy viendo desde las alturas y vos te estas hundiendo, se me escapan algunas lágrimas de tristeza, porque la realidad se traga mis sonrisas, y aunque días atrás mis manos apretaban con fuerza las tuyas de a poco las voy soltando, y puede que siga viviendo en este lugar por siempre, pero como espectadora. De tus derrotas, del humo efímero de los aplausos que dura dos horas y las 22 restantes te quitan el oxigeno que anhelas inhalar. Ahora pienso en mi mientras mis ojos vuelcan gritos que no voy a pronunciar. Necesito desanclar, olvidar este lugar que poblé de verde, que adorne por amor a ese que fuiste alguna vez, que pinte sacando colores de mi cuerpo, que perfume con mi propia piel. Que arme sin darme cuenta que me estaba desarmando a mi misma por apostar lo que me quedaba en el corazón a un número que aun no se invento. Me equivoque? No. Solamente creí de más. Pero crecí, aprendí, brinde, baile, cante, abrace, volé. Y hay algo que me quedo y te debo, y es este sueño de CREER que el universo conspiro porque así tenia que ser nuestro amor.
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